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miércoles, 14 de noviembre de 2012

# ¿Y si un día NADIE hiciera la comida? Huelga de cuidados el 14 N


¿Y si  un día nadie hiciera la comida? Si nadie levantara a las niñas, preparara desayunos, nadie duchara a la abuelita enferma, o cambiara unas sábanas mojadas.
¿Y si un día nadie pudiera velar las noches de un niño con fiebre, no pudiera llevarle al médico?
El trabajo doméstico y de cuidados a las personas no se mide en ningún PIB, no se ve, es invisible, se da por hecho. No hay primas especiales para retribuir noches en vela, pre-ocupaciones, cariño. Tampoco hay paro para quienes lo desarrollan, sólo tasas de actividad elevadas, sin horarios de entrada ni salida.
Se trata de una actividad que acompaña a la vida entera, omnipresente en la cotidianeidad, difícil de calcular y precisar.
Quizá no sea necesario computarlo, quizá sería imposible retribuirlo, quizá tampoco queramos convertir los cuidados y afectos en valores mercantiles.
Pero sí es responsabilidad social y de las Instituciones el valorar su aportación al correcto funcionamiento de un país, reivindicar su papel fundamental en la paz social y el bienestar de las personas.

No contribuir al trabajo reproductivo es un fraude, y permitir que recaiga gratuitamente en una parte de la población, es una explotación.

Debemos velar porque este trabajo sea prestigiado, que no sea asumido mayoritariamente por el grupo social de las mujeres (dejemos de hablar de colectivo si somos la mitad de la población). 

Debemos articular en lo posible el mayor número de herramientas para hacer de él un trabajo más digno y llevadero (las llamadas medidas para la conciliación, que deberíamos empezar a llamar medidas para la CUIdadanía).

Debemos exhortar a quienes aún no contribuyen a que lo hagan, con la misma naturalidad que el Estado persigue a quienes no pagan sus impuestos.

Es ahí donde debemos buscar brotes verdes, y dejarlos florecer.

Especular con recortes en el estado del bienestar se traduce en volver a los roles de género tradicionales, que segregan y empobrecen, que generan violencia y malestar.

Una huelga de trabajadores/as como la de hoy puede movilizar un país, parar la economía, refundar incluso las bases de un sistema. Pero ¿qué consecuencias reales tendría una huelga de cuidados?. Veremos.

jueves, 20 de noviembre de 2008

# CÓMO GESTIONAMOS EL TIEMPO adaptación libre de un fragmento de Momo


/.../Dijo la maestra Hora.- Te voy a confiar un secreto: de aquí, de la casa de Ninguna Parte, en la calle Jamás, viene el tiempo de todos los hombres y mujeres.
Momo le miró, admirada. - ¡Oh! – dijo en voz baja- ¿Lo haces tú misma?
La maestra Hora volvió a sonreír.
- No, querida niña. Yo sólo soy la administradora. Mi obligación es dar a cada persona el tiempo que le está destinado.
- ¿No podrías organizarlo de tal manera - preguntó Momo – que los ladrones de tiempo no pudieran robar más a las personas?

- No, eso no puedo hacerlo –contestó la maestra Hora-, porque cada mujer y hombre nace con su tiempo, tienen que decidirlo ellos mismos. También son ellos los que han de defenderlo. Yo sólo puedo adjudicárselo.
Momo recorrió con la mirada la sala y preguntó:
- Para eso tienes tantos relojes ¿no? ¿uno para cada persona?
- No, Momo- contestó la maestra Hora- Esos relojes no son más que una afición mía. Sólo son reproducciones muy imperfectas de algo que todo hombre y toda mujer lleva en su pecho. Porque al igual que tenéis ojos para ver la luz, oídos para oír sonidos, tenéis un corazón para percibir, con él, el tiempo. Y todo el tiempo que no se percibe con el corazón está tan perdido como los colores del arco iris para una ciega o el canto de un pájaro para un sordo. Pero, por desgracia, hay corazones ciegos y sordos que no perciben nada, a pesar de latir.
- ¿Y si un día mi corazón deja de latir? – preguntó Momo.

- Entonces- replicó la maestra Hora- el tiempo se habrá acabado para ti mi niña. También se podría decir que eres tú la que vuelve a través del tiempo, a través de todos tus días y noches, tus meses y años. Regresarás a través de tu vida hasta llegar al gran portal de plata por el que una vez entraste. Por allí vuelves a salir.

- Y, ¿qué hay del otro lado?
- Entonces has llegado al lugar de donde procede la música que, muy bajito, ya has oído alguna vez. Pero entonces tú formas parte de ella.
Miró, inquisitiva, a Momo.
-Pero eso no podrás entenderlo todavía, ¿verdad?
- Sí- contestó Momo- creo que sí.
Recordó su camino a través de la calle de Jamás, en la que había vivido todo al revés, y preguntó:

- ¿Eres tú la muerte?

La maestra Hora sonrió y calló un rato antes de contestar:
- Si mujeres y hombres supiesen lo que es la muerte ya no le tendrían miedo. Y si ya no le tuvieran miedo, nadie podría robarles, nunca más, su tiempo de vida.
- No hace falta más que decírselo- propuso Momo.
- ¿Tú crees? –preguntó la maestra Hora- Yo se lo digo con cada hora que les adjudico. Pero creo que no quieren escucharlo. Prefieren creer a aquellos que les dan miedo. Eso también es un enigma.

Silvia Molina Castaño